viernes, 24 de febrero de 2017

NOTICIA: Música sin edad

La música tradicional entendida como un todo en el que no sólo las notas son lo importante, también las historias, anécdotas y costumbres de antaño y los músicos de raíz. Los Pamplinas revalorizan la tradición musical y devuelven al presente lo que caracterizó a generaciones pasadas; una riqueza que debe pervivir. Son trovadores 2.0

Los Pamplinas
MARÍA CARRO
Las pamplinas son unas plantas de flores blancas que crecen en zonas húmedas, como los regatos tan de aquí por los que discurre el agua pura, y Los Pamplinas es un grupo de música tradicional berciano que ha tomado el nombre de las mismas porque su música, como ellas, es fresca y con raíces. La música de antaño con la estética de entonces traída al presente a través del sonido de instrumentos como la flauta y el tambor, la pandereta, la gaita y la caja y, desde luego, de la voz de Denise Silva, Diego Segura y Diego Bello. Ellos dan forma a un grupo que ha decidido hacer de la tradición una fórmula de éxito, entremezclando con las canciones antiguas historias y vivencias propias del rural berciano y de las comarcas limítrofes y convirtiéndose en trovadores 2.0. 

«Tocamos, cantamos y contamos lo que decenas de mayores nos han enseñado», explica Diego Bello. Abuelos, abuelas, tamboriteros, pandereteras, gaiteros y percursionistas son sus fuentes de inspiración y las personas a las que quieren homenajear. Y no hay mejor forma de hacerlo que impidiendo que muera aquello que les identifica. Para ello, viajan en el tiempo con el público, contando andanzas y tradiciones que siempre están ligadas a una canción; así como las anécdotas que han reunido en el escrupuloso trabajo de campo realizado para poder dar forma a un producto novedoso que, y ahí está la paradoja, vende lo antiguo. 

También repasan las costumbres, como la de poner una mariquita —coquín de Dios o Papasol— en los dedos para que los contara y después de contarlos echara a volar. Eso sí, había que decir antes las palabras adecuadas: «Mariquita de Dios, cuéntame los dedos y vuela para Dios». Palabras como cantares, que había para todo, desde para conjurar las tormentas, hasta para meterse con los del barrio vecino.

Algunos de los músicos de los que Los Pamplinas hablan en sus actuaciones han sido elevados a la categoría de leyenda, como Antonio García, tamboritero de Noceda, e Isidro Álvarez, gaiteiro de Soutelo. De Isidro recuerdan que «cuando salía a tocar por la mañana la alborada, con aquella gaita que le habían traído de Cuba, se le sentía desde Cela, a pesar de haber varios kilómetros y valles de distancia». De Antonio cuentan, reproduciendo lo que se dice en la zona, que «murió de silicosis a pesar de no haber trabajado en la mina. Enfermó de respirar el polvo que se levantaba en los bailes por los corrales en los que tocaba la flauta».

Historias de ayer, de hoy y de siempre que gracias a iniciativas como la de Los Pamplinas llegan a las generaciones presentes y músicos imprescindibles y mayoritariamente anónimos que se mantienen vivos en la memoria, como Adelino, de Peñalba de Santiago, que tocaba la flauta y el tambor y tocaba una llamada para el baile; o Socorro González, panderetera de Villar de Acero y Emilio Díaz que, en el mismo pueblo, tocaba la gaita y formó parte de Los Gutiérrez y Los Jilgueros. También Retundo, de San Andrés de las Puentes, que tocaba el tambor al que tenía adosado un platillo y la flauta con la nariz.
Orense, Zamora, Cáceres y, por supuesto, diferentes y múltiples poblaciones de la provincia de León han acogido en el último año la propuesta nueva, atrevida y versátil de Los Pamplinas, que trabajan en la preparación de su primer trabajo discográfico, que verá la luz antes del verano. Porque revalorizan lo viejo sin perder la perspectiva de los tiempos que corren y son conscientes de que las herramientas que ofrece el presente, como las redes sociales, resultan cruciales para acercar lo de antes —las formaciones tradicionales pequeñas que amenizaban los pasacalles, las alboradas, las dianas, las bodas y los bailes de las fiestas— a los de ahora. 

«Queremos hacer recordar a los más mayores contárselo a los más jóvenes. Trabajamos para mostrar nuestro repertorio tan atractivo como nos ha resultado a nosotros, porque tenemos mucho que cantar y tenemos mucho que contar. En las notas no está todo, ahí sólo va una parte. También está la vida de ese músico, dónde tocaba, por que tocaba, de quien lo aprendió y muchas costumbres y tradiciones que son un todo y que no se pueden entender por separado, separando la música del baile, de los quintos, de las bodas...», explica Bello.


La profesora de pandereta, música y baile tradicional Denise Silva; el constructor de instrumentos tradicionales y músico Diego Segura, y el gaitero y profesor de música tradicional Diego Bello dan forma a Los Pamplinas, un proyecto musical que
transforma las tradiciones en propuestas actuales y que forma parte de iniciativas
como #yocantoaguinaldos, Ponga un Tamboritero en su Fiesta o el blog Tocar Bajo Teito. LOS PAMPLINAS

Denise Silva

Diego Segura

Diego Bello

Los instrumentos de la música tradicional

La flauta y el tambor

El tamboritero es el músico que toca a la vez la flauta o chifla y el tambor para hacer la ronda, la alborada, la procesión o el baile. Acompañado a veces de las castañuelas, son de los instrumentos más representativos de varias comarcas de la provincia.

La pandereta o pandeira

Instrumento de construcción sencilla: un parche, un aro de madera y unas chapas en las sonajas, que en las manos adecuadas hacen el baile completo. A veces menospreciado, se trata de un instrumento con gran número de matices y riqueza en la interpretación, acompañando a la voz con la que forma un dúo perfecto.

La caja

El tamboritero es el músico que toca a la vez la flauta o chifla y el tambor para hacer la ronda, la alborada, la procesión o el baile. Acompañado a veces de las castañuelas, son de los instrumentos más representativos de varias comarcas de la provincia.

La gaita

De gran arraigo y tradición en el Oeste de la provincia. La mayoría tocaba en solitario, con percusión, y alguno en dúo con otro gaitero o un clarinete. Con el paso de los años, se integró en las nuevas orquestinas junto a otros como el acordeón o el saxo.

Las castañuelas

Utilizadas para bailes tradicionales del folclore español, las castañuelas son uno de los instrumentos identitarios de la música de este país, como la guitarra. Acompaña a la flauta y el tambor en numerosas interpretaciones y marca los pasos de quienes bailan la tradición. Existen variantes locales, pero todas son inconfundibles, como el sonido que hacen al tañer la madera de la que están hechas.

jueves, 23 de febrero de 2017

NOTICIA: Carnaval berciano

TRADICIONES Y LEYENDAS. Como nota ancestral y primigenia, respecto al origen y génesis de este evento esencial del calendario agrario, conviene resaltar que se asociaba íntimamente al 'entretiempo' entre el invierno y la primavera.

Los caranavales ya comienzan a llamar a la puerta y siempre
 son un punto de encuentro en la comarca con sus peculiaridades. | ICAL
Marcelino B. Taboada | 19/02/2017
El vocablo - en su acepción latina - se plasma en el término ‘introitus’, el cual iría derivando y modificándose en una lenta y casi insensible evolución histórica: entroito o entróïdo, entroido o antroido, antruejo… Por otro lado, cabe destacar la influencia de la religión cristiana en tal acontecimiento pagano. En este terreno especial, hay que convenir que la expresión ‘carne levare’ o domingo de ‘carnestolendas’ representan el sentido específico de la palabra. ‘Levare’ y ‘tolere’ se fueron entendiendo como abandonar, prepararse para la abstinencia, eliminar u olvidarse… de la carne. En consecuencia, tomando como punto de partida los ritmos establecidos por la liturgia y una vez próximos al remate del Tiempo Ordinario y al advenimiento de la Cuaresma (etapa de privación, cierto sacrificio y recogimiento), se apuraban los momentos en que era permitida o disculpada la práctica de vicios, leves maldades o intercambio y asunción de roles y papeles nada habituales. En la enumeración simplemente ilustrativa de los apuntes que son diferenciales en el Carnaval de nuestra comarca y su área de influencia o contacto, conviene referirse previamente a una costumbre añeja y particular: las ‘trasnadas o trastadas’. Su producción y el recurso a esta institución costumbrista-festiva no se reduce exclusivamente a la etapa carnavalesca, aunque aquí se emplea con probidad. Se utilizaban estas bromas, más o menos elaboradas y agresivas, en la Noche de San Juan, en las fiestas patronales o locales y en momentos especialmente importantes y jubilosos: con ocasión de una boda, banquete extraordinario y/ o incluso en señal de agradecimiento por los dones espirituales o divinos otorgados a la comunidad (excelentes cosechas, episodios de prosperidad sin par,…). Asimismo, en el Bierzo Alto, se señalan detalles particulares de las ‘trasnadas’ en el transcurso de la Semana Santa y, con un inusual énfasis, durante la víspera del Domingo de Pascua.


El Zafarrón
Estos exponentes habituales se decaban, como es coherente, a inventar toda una serie de ‘zafarronadas’ con las que obsequiaban a la concurrencia en general. Se concretaba tal figura en un mozo cualquiera, si bien ataviado de modo estrafalario e irreconocible. Se servía con tal propósito de pieles, con las que se cubría de tal manera que únicamente se le veían los ojos y la boca. La piel era, por imperativo tradicional, de cabrito. Calzaba abarcas o escarpines con el fin de ganar en ligereza y relativa elegancia “glamurosa”. Iba bien provisto y abastecido gracias a un costal de harina, ya que debía perseguir sobre todo a las mujeres al objeto de arrojarles el albo polvo harinoso.


Los Zarramacos de Noceda
Cuenta Manuel Cuenya con suficiencia de puntualizaciones que, en su pueblo, los mozos y las mozas (ambos, sin distinción) se vestían con ropajes esfarrapados, vetustos y con retales o tejidos «esfalamandrados». Se concitaban y, una vez reunidos y agrupados, se dirigían a «picar en las puertas» demandando de sus moradores las monedas «sobrantes» y el metálico que su buena voluntad les incitara a entregar. Esa recaudación, recontada, era distribuida equitativamente.


La Vaca-Toro
Este engendro «hermafrodita» se hallaba constituido por un ser animalesco, mezcla de macho y hembra. Su parte anterior se asimilaba a la vaca, y la mitad posterior al toro. Su función o tarea se sustanciaba en embestir y animar el espectáculo colectivo.


‘Diaño’ do Entroido
Este elemento axial y peculiar se había prácticamente perdido en la modernidad en la que nos encontramos, aunque su memoria permanezca y se esté intentando rescatar (en la capital berciana). Era un ‘pelele’ u hombre representativo de poco valor y coraje, pusilánime, que se ‘adecentaba’ con unas vestimentas irrisorias y jocosas, ante el jolgorio vecinal. Se le proporcionaban los postreros retoques y se le aupaba ‘a lomos de un asno’. El común de los congregados lo acompañaba, propinándole chanzas, mofas y burla abundantes, a través de las calles principales del núcleo poblacional correspondiente.

Otra peculiaridad costumbrista incluida entre la programación a desarrollar en el conjunto de manifestaciones, en trance de desaparecer, es la casi ya olvidada «batalla de hortalizas y verduras». Nuestra comarca, debido a su situación geográfica, ha recibido a lo largo de los siglos influencias y aportaciones numerosas de zonas vecinas, que se manifestaron ampliamente en la concepción carnavalesca. Por ello, a pesar de que el nacionalcatolicismo del régimen dictatorial puso un empeño sorprendente en erradicar componentes que lo definían, sus esfuerzos se revelaron más bien baldíos aunque también alcanzaran una dosis de intimidación y reducción apreciable de comportamientos escandalosos. Por ejemplo, se emplearon con contundencia en contra de los excesos en los asaltos de los campaneiros a las espadañas de los templos en localidades cabreiresas, logrando finalmente un éxito limitado y mediante el acuerdo y aquiescencia de los participantes.

En el capítulo de los personajes, identificativos de lo variopinto e imaginativo de los atuendos empleados y presentes en muchas y distintas localidades, es indispensable enumerar los maranfallos de Burbia, la pedigalla de Oencia, las fachas de Sobrado o la zamarronada de dos áreas próximas (Babia y Laciana) y un largo etcétera.


Carnaval Bierzo Oeste-Ancares
Exponente de una constante histórica es la conservación en Oencia del reconocido «palo del entroido». Era la representación de un espantajo, compuesto por un palo en lo alto del cual se acondicionaba - con diferentes trapos y aditamentos viejos de vestuario o harapos - el «entroido». Tras ser objeto de escarnio y desprecios, era quemado ante el regocijo compartido y generalizado.

En la localidad ancaresa de Burbia, todavía en tiempos cercanos, se observaban vestigios de cultura rural en este terreno tradicional. Los «maranfallos» se distinguían por ir ataviados con un disfraz o máscara privativa del lugar, horrenda en su expresión suma y de rasgos diabólicos o demoníacos, y cuya pretensión se dirigía a asustar a los más jóvenes y desprevenidos. Corrían por todos los viales de la población, lanzaban cenizas al resto de participantes, se servían del «bragallo» (testículos del cerdo sacrificado en la reciente «matanza» ritual) y, con palos y zarzas a título de amenaza, inferían miedo atávico a sus vecinos. Además, se menciona en este preciso lugar otro actor o personaje genuino: ‘el boy’. Este intentaba parodiar la ‘suelta’ de un buey. Durante los acotados días en que este protagonista realizaba su actuación, las gentes se recluían en sus hogares para narrar historias o hechos extraordinarios o fantásticos (a semejanza de ciertos ‘filandones’, relativos a creencias o cuentos anecdóticos de temática mágica y pagana). 

En la capital del Bierzo, Ponferrada, se ha querido asimismo recuperar parcialmente una de esta clase de figuras simbólicas y vulgares (a partir del análisis que, basado en las especificaciones aportadas por el escritor ‘racial’ cacabelense Antonio Fernández y Morales, se ha logrado desgranar y adoptar) y se viene elaborando (a partir de entonces) un muñeco que, montado en su indispensable borrico, es paseado y luego se procede - como colofón, al término del espectáculo festivo, descarnado e irreverente – a incinerarlo con la ayuda de las antorchas o «fachos», previstos anticipadamente a tal efecto. Este se convertirá en el noveno año o edición en que se lleve a cabo la reproducción de esta interpretación de cariz consuetudinario.

Respecto al citado autor literario berciano, se ha de constatar la existencia en uno de sus poemas (O Entróido) de un relato inconfundible y admirable, conteniendo las orientaciones e indicaciones carnavalescas y descriptivas mejor relatadas (ya que estas identificaban pormenorizadamente a los intervinientes más destacados): seres que se regocijaban con el ruido de las carracas y otros instrumentos de uso similar, que se acondicionaban mediante unos cuernos de buey en su testuz, que se envolvían a la manera de mendigos andrajosos y harapientos y, sobre todo, que tenían vocación de transformarse en demonios (diablos o ‘diaños’) pintándose el rostro con colores llamativos, estridentes y estrambóticos, a menudo el rojo intenso y/o sanguinolento.


En Cabrera
En su entorno geográfico peculiar, aislada en otro tiempo, estaba vigente una costumbre que – en su exaltación rústica e irreverente, en sumo grado – sufrió el rechazo y condena de las dignidades eclesiásticas.
Los ‘campaneiros’, no obstante, eran tolerados y aceptados (por ejemplo, en el pueblo de La Cuesta, de la municipalidad de Truchas).

En cambio, en la comunidad establecida en Villar del Monte, se empleaban máscaras metálicas (lo que generaba algunas protestas). Mayor era la reticencia religiosa con los que se apodaban ‘trapisacos’: su falta de control (anomia) alcanzó cotas ‘peligrosas’, puesto que se tapaban hasta incluso la cara por completo, se cubrían con las peores vestimentas y utilizaban una multitud de harapos inhabituales. Algunos, para más inri, se colocaban caretas y cuernos y, a la vez que acompañaban a los citados ‘campaneiros’, se colgaban campañas pequeñas, cencerros o ‘chocas’.


Farramacos en Toreno
Estos sujetos, que eran típicos de esta Villa ribereña del Sil, se distinguían por servirse de los trapos y harapos más deslucidos y raídos, buscados en los ajuares contenidos en los baúles del recuerdo. Con estos hábitos, las gentes torenienses daban la bienvenida o impulso al período de euforia y desbarajuste que suponía el período carnavalero. La faz de los «famarracos» era acicalada profusamente con el hollín al uso. Era, en otros tiempos no lejanos, frecuente contemplar además una exhibición de todas estas variedades vestimentarias atrasadas, roídas o ajadas en algunos alpendres, cobertizos o corrales de la población (como decorado en aquellos días dedicados a don Carnal).


Otros protagonistas
Los acontecimientos que definen el Carnaval muestran nítidamente unas raíces rurales y populares indiscutibles, tanto por lo que respecta a los materiales empleados en la confección de las figuras, máscaras, muñecos, caracterizaciones, imágenes… como en la creación y adjudicación de los papeles desempeñados por los individuos y resto de elementos acondicionados para la ocasión. No obstante, en el fondo es perceptible y comprobable, en su conjunto, la confluencia de otros factores religiosos y de filosofía mundana en mayor o menor grado (con una constante alusión o visión - a modo de metáfora - al tiempo agrícola, cíclico y meteorológico repetitivo). Es de pensar que sería preciso y aconsejable, ciertamente, la implementación futura de un trabajo provechoso: la realización de una recopilación que contemple estas singularidades.


Curiosidades
En Santibáñez del Toral - pedanía de Bembibre - el enmascarado o caracterizado que disponía de la habilidad de no ser reconocido, en su itinerario o recorrido por las casas de sus convecinos, tenía que ser alojado (de la misma forma que se agasajaba a un huésped) en la vivienda correspondiente (por la impericia o descuido cometido). 
En Vega de Valcarce todavía se refiere o comenta el hecho, reciente en el recuerdo, de perseguir a los visitantes, turistas (o, tal vez, peregrinos) que osaran no aceptar la regla obligatoria de ‘vestirse’ adecuadamente. En tal sentido, eran obsequiados con un tizne de su semblante o se les ‘incluía’ en la juerg lanzándoles cualquier material sucio.

NOTICIA: Los antruejos llegan al palacio de los guzmanes

marciano -

El Patio del Palacio de los Guzmanes acogió la apertura de la exposición de los Antruejos de la provincia, coincidiendo con la presentación de la Federación de Antruejos Reino de León, que aglutina a todos los colectivos y que se ofrece como garante de la tradición leonesa. Majo comentó que «un pueblo, una comunidad es definida también por sus fiestas, la riqueza de los carnavales refleja el valor de nuestro pasado, de nuestra memoria».

NOTICIA: Azabache, la joya de luto

El sector azabachero fue uno de los más pujantes en el medievo leonés; hoy es otro de esos grandes desconocidos, pero su realidad sigue estando ahí y su vigencia también, viene bien un viaje a su corazón negro... como el azabache.

Toño Morala | 20/02/2017

En alguna ocasión ya les he comentado que de guaje trabajé de aprendiz en una platería, allá con apenas cumplidos los 14 años y, en pantalón corto, íbamos a media hora de casa, todos los días y hasta los sábados de 9 a 13 h… el jornal era muy bajo, pero sí aprendías un montón de cosas; pues bien, en aquella pequeña empresa familiar, -éramos unos siete trabajadores-,se fabricaba un montón de bisutería en plata y alpaca; desde collares engarzados, rosarios, trofeos, llaveros, crucifijos varios, y un largo etc. El maestro platero era un buen paisano… mientras saliera material todo iba de maravilla, pero cuando se acercaban las navidades, los nervios le podían y todo eran prisas a todas horas; menudos líos de trabajo, y sobre todo, todo lo que tenía que ver con el azabache… en fin, que estaba de moda el azabache. En aquellos años, el hombre tenía a un buen número de familiares y otros añadidos, engarzando y trabajando el azabache en las casas; el que les escribe, era el encargado de llevar las cajas, el hilo de plata o alpaca, amén de otros materiales en una vieja bicicleta; dejaba el material en bruto y lo recogía en la siguiente entrega; había matrimonios que para esas fechas trabajaban durante varias horas diarias para sacar adelante las piezas. Con el paso del tiempo, éramos ya muy amigos, y muchas veces me invitaban a café con galletas; lo tomaba rápidamente, y a por el siguiente domicilio. Cuando llegaba al taller, lo primero que hacía era contar las piezas de cada casa, las apuntaba para luego a fin de mes, llevarles el dinero correspondiente por las piezas realizadas. El jefe siempre confiaba en mí; jamás ha faltado nunca nada. En el taller, existían unas estanterías con cajas de cartón gris muy duro que contenían las diferentes piedras; de las que más había eran cajas de diferentes medidas de bolas de azabache, tanto lisas como con muchas caras geométricas, también, en un apartado, se ponía el azabache en bruto para trabajar en las mesas de la platería. Generalmente, el azabache siempre venía manufacturado en sus cajas con las diversas referencias. También se apuntaba las salidas; de esa manera, el jefe, siempre sabía cuándo pedir material y de qué modelos. Teníamos un bombo donde metíamos las bolas de azabache con un tinglado para pulir - creo que era rojo inglés- para que brillaran como el charol. 

El azabache es un mineraloide de color negro brillante. Es una escasa variedad de carbón húmico formado en el periodo cretácico, por lo que se utiliza como piedra semipreciosa. Se originó a partir de troncos de árboles de las familias Araucaráceas y Protopináceas enterrados y sometidos a altas presiones. El nombre español azabache es una palabra de origen árabe. Es un material muy frágil, por lo que su extracción siempre ha sido artesanal, siendo de talla difícil cuando se intentan esculpir figuras con abundantes detalles y calados. Se trabaja con lima y torno, a navaja… adquiriendo mediante una pulimentación adecuada un brillo intenso que no decrece con el paso del tiempo. Sus joyas fueron muy apreciadas por los Egipcios, Fenicios, Etruscos, Romanos y los Vikingos, aunque la cuenta más antigua aparece en un colgante de azabache en la Cueva de las Caldas (Oviedo).

Es muy frágil, por lo que su extracción ha sido siempre artesanal, siendo de talla difícil  
Muy importante ha sido el sector azabachero leonés, y de él vamos a escribir. Sí, hay estudios muy serios y muy bien documentados al respecto. Ha sido uno de los oficios artesanales que, a lo largo del Medievo, vivió un mayor desarrollo en la ciudad de León y también en parte de la provincia; y parece ser que el Camino de Santiago y sus derivaciones tuvieron mucho que ver en todo esto. Y por esas rutas mercantiles del norte peninsular, en el espacio comercial astur-leonés es por donde se repartía, entre otros, el azabache. Las clases más poderosas eran los grandes compradores de estas piezas que se pusieron de moda desde la baja Edad Media hasta nuestros días.

Finalmente, en el siglo XV, la ciudad de León experimenta un importante aumento poblacional que traerá consigo un cierto crecimiento urbanístico; y no solo de mercaderes, sino en la variedad de oficios artesanales presentes… sastres, carpinteros, plateros, azabacheros, etc. Martín Galindo realiza un breve análisis de la evolución experimentada en el espacio ocupado por dicho sector artesanal, tomando como base cronológica desde la Edad Media hasta finales del Antiguo Régimen. Analiza algunos de los objetos elaborados con azabache depositados en distintos museos tanto nacionales como internacionales. Unos años más tarde, dio a conocer también buena parte de la industria azabachera, pero referida al siglo XVI. De igual modo, Álvarez Álvarez señala a su vez, entre otras actividades artesanales, en el siglo XV al sector azabachero. 

Muy importante fue el sector azabachero leonés, sobre todo en el medievo
Este ramo se concentra en torno a las zonas consideradas de carácter industrial y comercial por excelencia en la ciudad tales como: el barrio de San Martín, la calle de la Rúa Mayor o el Santo Sepulcro. También, Ruíz de la Peña alude a una serie de materias primas y productos manufacturados de procedencia asturiana que circulaban hacia tierras leonesas, entre los que destaca el azabache. Desde el punto de vista arqueológico, contamos con el análisis pormenorizado de los objetos de azabache exhumados en las intervenciones desarrolladas en la iglesia de San Salvador de Palat del Rey a finales de la década de los ochenta del siglo XX, por el arqueólogo Miguel Hernández. Asimismo, en varias sepulturas de la décimo sexta centuria, cuentan en su mayoría con ajuares funerarios; destaca la presencia de objetos fabricados con este mineral: anillos, cuentas de collar, rosarios, etc. Todo ello fabricado en azabache, presumiblemente extraído en las activas minas del territorio comprendido entre Gijón y Ribadesella, en la zona de Oles. Por último, hay que dar algunos nombres de azabacheros famosos en aquella época. La primera mención conocida data del año 1371. En ella nos encontramos al azabachero Alfonso Martínez firmando como testigo del testamento de Teresa García, esposa del zapatero Martín Pérez, en el que dona varias propiedades al monasterio de Santa María de Carbajal. También, en 1382, la documentación catedralicia alude a otro azabachero de la urbe, Toribio Martínez, entre los signatarios de las mandas de Aldonza Martínez. Entre ellas destaca la petición de ser enterrado en el claustro de la catedral, así como la concesión de distintas cantidades de dinero a los monasterios de San Francisco, San Isidoro, San Claudio y Santo Domingo. Un año después, hallamos en los fondos de la parroquia de Santa María del Camino a Iohán Alfonso, azabachero de la ciudad, como testigo de las mandas testamentarias de Fernando Pérez, quien vivía cerca de Puerta Moneda y pide ser enterrado en la iglesia de Santa María del Camino. El padrón de 1594, apunta a una concentración del sector, junto a los mercaderes y mesoneros, en la calle la Rúa. Esta ubicación denota que, por estas fechas, aún sigue existiendo cierta actividad mercantil en esta parte de la urbe leonesa. Este padrón se refiere a un núcleo compacto de azabacheros que residen en las calles la Rúa Mayor y Tripería -actual Azabachería-. En la Rúa Mayor reside Juan Costales, entre el cerrajero Pedro Flamenco y otro sastre y, por otro, Pedro Fernández. Junto a estos, cita a Jacome Costales y a Domingo Blanco, ambos azabacheros, lo que viene a demostrar la concentración de estos artesanos en la zona. 

Los azabacheros eran los artesanos que elaboraban las conchas, imágenes e insignias con motivos santiaguistas, bordoncillos, amuletos como las higas y otro tipo de abalorios fabricados en azabache, en estaño, plomo o cobre, con los que los peregrinos decoraban el bordón, el sombrero y la esclavina, y en los que confiaban como protectores para su viaje o veían en ellos bondades curativas de raigambre secular, en particular, los fabricados con el negro y puro lignito, el azabache. También existían y existen un buen montón de artesanos del azabache en Santiago de Compostela. Y parece ser que la calidad de las minas de Asturias (en particular, de la zona de Villaviciosa), es la culpable de ese comercio del azabache por el norte; de ahí la certeza del gran número de azabacheros que son relativamente frecuentes en la ciudad de León en los siglos XVI y XVII y tan numerosos como los joyeros y plateros. Y si tienen algo que regalar, algo diferente, busquen en las tiendas especializadas, seguro que encuentran el detalle perfecto realizado por artesanos del azabache, la piedra negra de la magia que siempre mira hacia la vida… y nos regala belleza.

NOTICIA: Nuevos antruejos viejos

CARNAVAL. Riaño, Riello o La Cuesta han recuperado viejas y perdidas tradiciones vinculadas a los ritos de invierno y el carnaval y han tenido una excelente acogida.

Los campaneiros de La Cuesta (Truchas) llevan tres años tomando
las calles con su celebración. | CHEMA VICENTE
Fulgencio Fernández | 21/02/2017
Hay nombres de numerosas localidades leonesas cuya vinculación con el carnaval y sus celebraciones es tan vieja como merecida su fama: Velilla de la Reina, Llamas de la Ribera, Alija del Infantado, Astorga, La Bañeza o Laguna de Negrillos, entre otros. Y bien merecido lo tienen pues han sabido conservar y fomentar estas tradiciones que pervivieron incluso en épocas muy complicadas.

Pero en los últimos años se viene produciendo una recuperación de otras celebraciones que, habiendo tenido fama y aceptación, se habían perdido. Esta nueva celebración del rito viejo ha encontrado una excelente acogida entre los vecinos pero también pero también entre mucha gente que acude a verlos y potencia con su presencia la continuidad de estas celebraciones. Las recuperaciones más significativas en los últimos años han sido la zafarronada de Omaña, que se celebra en Riello; el antruido del valle de Riaño, que se celebra en el pueblo que da nombre al valle pero también recorre otras localidades de la comarca; y los Campaneiros de La Cuesta, en La Cabrera, una mazcarada de invierno que no se celebra exactamente en las fechas del Carnaval pero si participa de ritos similares, de evidente corte pagano, como en los otros dos casos citados.
La zafarronada de Riello se perdió en los años 50, fue reconstruida en 1987 y recuperada en 1997
Por orden de antigüedad habría que decir que el más viejo en esta nueva etapa es el de Riello, perdido desde los años 50 del pasado siglo pero recogidos testimonios y documentación sobre él en 1987 por la Asociación Cultural de Omaña y recuperado definitivamente como rito 10 años más tarde, en 1997, por otra asociación cultural, Ares de Omaña.

También en las décadas centrales del siglo XX fue desapareciendo el antruido de Riaño, en unos pueblos antes que en otros, y se quedó en el olvido hasta su recuperación en el año 2009, cuando regresó a las calles de los pueblos del valle y cada año va cogiendo más fuerza, teniendo muchas esperanzas puestas en el Antruido de este 2017, tanto en su vertiente de festejo popular como en la gastronómica, con la degustación de los famosos arvejos de Riaño, para la que se pondrán autobuses desde León, como ya se hizo para los Campaneiros de La Cuesta.
El antruido se fue perdiendo en la zona de Riaño hasta los años 70 y se recuperó nuevamente en 2009

Precisamente esta mascarada de invierno, los Campaneiros, ha sido la última en ser recuperada pues sus personajes no han regresado a las calles hasta hace tres años, de la mano de la Asociación Cultural Trimuella y el trabajo de investigación de Iván Martínez Lobo. A ellos se debe también el evidente mérito de haber logrado que al segundo año de su recuperación ya fuera reconocida por la Diputación provincial de León como‘Manifestación de Interés Turístico Provincial’, lo que ya ha repercutido en la III edición, ya celebrada, en una mayor afluencia de curiosos y estudiosos y en que también hubiera la posibilidad de desplazarse en autobús y participar en otras actividades, como visitas a museos, conferencias o conciertos que ayudan a divulgar las tradiciones y valores de esta comarca, en la que viene habiendo un evidente movimiento cultural y tradicional en los últimos tiempos.

Zafarronada y antruido
Con la celebración de Los Campaneiros ya disfrutada las dos que están ahora de actualidad son la zafarronada de Omaña (en Riello) y el antruido de Riaño, dos celebraciones con muchos puntos en común, como bien se ha encargado de apuntar el investigador de temas leoneses David Gustavo López, quien incide en que, además, son muy similares tanto los personajes de la representación como su significado. También les une la vertiente gastronómica que se le viene dando en esta nueva etapa. En Omaña se ha añadido durante años a la tradicional chocolatada la degustación en la merienda de un plato de patatas con jabalí, que este año será una sopa de truchas.
Los Campaneirus de La Cuesta se perdieron hace unos 80 años y se vienen celebrando desde hace tres años
En Riaño la apuesta gastronómica es por el cocido de arvejos de la montaña de Riaño, del que señalan "antiguamente era un plato cotidiano de las gentes de la montaña de Riaño, y aún hoy se sigue cultivando el arvejo (legumbre autóctona de esta zona) , sobre todo en la subcomarca de Tierra de la Reina, y cocinándose en sus hogares, aunque de una manera menos habitual que antaño". La degustación de este plato la ofrecerán diversos restaurantes el sábado 25 de febrero. La celebración del antruido es el sábado anterior al martes de Carnaval.

En esa misma fecha se celebra la zafarronada de Omaña, que también está declarada Fiesta de Interés Provincial, para estar libre el martes, 28 de febrero, y participar nuevamente en el desfile de carnaval en la capital leonesa. 

El programa de este año en Riello comienza a las cinco de la tarde con la celebración del Carnaval Infantil, después el encendido de la hoguera y zafarronada por las calles del pueblo (hacia las 19 horas) con la presencia de personajes como el toro, el torero, el ciego, el lazarillo, abanderado o los gitanes... y una hora más tarde el esperado baile de disfraces, la sopa de trucha y chocolatada.
Esta mazcarada de La Cabrera ya es  Manifestación de Interés Turístico Provincial  
Personajes parecidos, como se ha señalado, tomarán las calles de varios pueblos del valle de Riaño. Son los zamarrones y la mojiganga, en la que están incluidos la vieja, el oso (también salía en Omaña pero se ha perdido), la dama de antruido, el ciego, el toro o el torero.

Y otro elemento común y muy importante, la hoguera.

Muchas similitudes entre las recuperadas fiestas de estos dos valles que vuelven a hacer de estas fechas de Carnaval un destino muy apetecible.

miércoles, 22 de febrero de 2017

EDITORIAL: Exposición-Muestra de "Antruejos del Reino de León"


La Exposición muestra la tradición de los Antruejos de la Provincia de León desde el miércoles 22 de febrero hasta el próximo 5 de marzo, en horario de 10.00 a 21.00 horas.

Inaugurada por el Presidente de la Diputación de León, D. Juan Martínez Majo y el Presidente de la Federación de Antruejos de la provincia, D. Luis Redondo, se podrá visitar durante las próximas semanas en el Palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación de León.

Inauguración de la Exposición "Antruejos del Reino de León". 

Está formada por 21 carteles sobre las fiestas de mascaradas de la provincia de León, que cuenta con casi una veintena de pueblos donde, al igual que ocurre en Zamora, Portugal y en especial en la zona de Galicia, han logrado sobrevivir estas fiestas, de gran interés cultural y antropológico. El proyecto lo dirigen la propia federación de Antruejos en colaboración con la Diputación de León y el Ayuntamiento de León.

Se trata de promover el turismo cultural en torno a las fiestas de mascaradas de la provincia.

martes, 21 de febrero de 2017

TALLER DIDÁCTICO: “ENMASCÁRATE”

MUSEO ETNOGRÁFICO PROVINCIAL DE LEÓN. Mansilla de las Mulas (León).
Sala Didáctica. 2ª planta

MONITORA: Verónica Mayordomo Barreales

Fecha: Sábado, 25 de febrero de 2017, de 17:00 h. a 19:00 h.
Previa inscripción en el Museo Etnográfico Provincial. Teléfono 987 311 923


La Diputación Provincial de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León quiere rendir un homenaje a los ritos mascarados del ciclo de invierno que aún hoy se realizan a lo largo de toda la geografía provincial relacionados con el carnaval y con la cada vez más creciente recuperación del antruejo tradicional (antroidos, entroitos, antruidos, etc.), con la realización de una máscara de un “Zafarrón”, uno de los personajes más representativos del carnaval de Omaña en la provincial del León. Esta actividad se realiza dentro del Programa Enmascárate que el Museo viene realizando como antesala de los Carnavales.

El taller se realizará el día 25 de febrero de 17:00 h a las 19:00 h, y está destinado para todas las edades, siendo de carácter gratuito.

La actividad se desarrolla mediante visita específica al área del Museo Etnográfico que trata sobre el Ciclo Festivo, donde se destaca el antruejo o carnaval tradicional. En esta área se desgranarán los pormenores de las distintas manifestaciones de los diversos Antruejos de la provincia de León, con personajes tan representativos como los Zamarrones de Riaño, los Zafarrones de Riello, los Guirrios con su toro, de Velilla de la Reina y de Llamas de la Ribera, los Jurrus de Alija del Infantado y el Campanón de Cabrera para, a continuación realizar en el área de Didáctica una máscara de un “Zafarrón”, protagonista del Programa Enmascárate de este año.

Todas estas representaciones poseen valores antropológicos muy notables, con un fuerte arraigo del Carnaval en la cultura de los pueblos y en sus tradiciones, así como plena salud hoy día como manifestación de Patrimonio Inmaterial. En él se une a la alteración propia de lo cotidiano, la transformación del uno y el común por medio de disfraces y máscaras, que integran a su vez lo pagano en lo religioso. Asimismo favorece la interactuación social del grupo y de la comunidad a través de la impersonalización y participación, reforzando las señas identitarias dignas de ser preservadas como otro aspecto más de la cultura material y del patrimonio intangible leonés.

Así pues les animamos a participar y disfrutar de estos talleres carnavaleros donde se trata de dar una continuidad a estas tradiciones del ciclo invernal que aún hoy se realizan a lo largo de toda la geografía de la provincia de León y cada vez con mejor salud y más vigor.

ACTIVIDAD REALIZADA

Taller Enmascárate 2017.